El problema de estrellarse en EEUU

19 octubre 2011


En septiembre de 2007, el millonario aventurero Steve Fossett se estrelló con su avioneta en una montaña cerca de Mammoth Lakes, en California. El aparato estaba provisto de una radiobaliza antigua y emitió señales de emergencia, pero nadie las recibió. Más de un año después, sus restos fueron encontrados a casi un kilómetro del lugar del accidente. Fosset sobrevivió al impacto y caminó en busca de ayuda antes de morir. Si hubiera tenido una radiobaliza moderna, quizá las autoridades le hubieran localizado a tiempo de salvarle.

Este es uno de los muchos ejemplos con los que Michael Behar ilustra en Air & Space magazine el problema de la localización de avionetas en EEUU. Debido a un cambio en la tecnología de las unidades ELT, alrededor del 90% de las balizas instaladas en las avionetas estadounidenses han quedado obsoletas y detectar su señal es poco menos que un milagro. En 2009 se pidió a los pilotos que tenían el modelo de 121.5 mHz que cambiaran al de 406, pero a falta de leyes federales que lo regularan casi ninguno realizó el cambio. Hasta la fecha, apunta Behar, de las 224.000 avionetas autorizadas a volar en EEUU, apenas 25.000 se han actualizado al nuevo sistema.

A pesar de que estas radiobalizas están instaladas cerca de la cola del avión, donde tienen más posibilidades de resistir el impacto, un 75% de ellas se destruyen en el accidente y dejan de funcionar. Además, si el aparato queda boca abajo, sumergido, o entre un espeso follaje, también dejan de emitir. En el año 2005, otro millonario, en este caso el neozelandés Michael Erceg se estrelló con su helicóptero en un bosque remoto al sur de Auckland y los cuerpos de él y su acompañante no fueron encontrados hasta dos semanas más tarde porque se había roto la antena.

En estas circunstancias sería de prever que las autoridades tuvieran pocos avisos de accidente de este tipo de dispositivos. En su visita al Centro de Rescate de la Fuerza Aérea de Tyndall, en Florida, Behar comprueba que la historia es muy distinta. En este lugar se coordinan buena parte de las alertas de accidente del país y se rastrea la señal de las radiobalizas de posibles aviones desaparecidos. En una sala llena de pantallas, con el mapa del espacio aéreo de EEUU, Canadá, México y un buen tramo de aguas internacionales, los controladores no dan abasto a atender llamadas. Hasta los aviones comerciales lanzan un aviso si reciben la señal de uno de estos dispositivos en algún momento de su vuelo.

Aunque desde 1975 han salvado más de 15.000 vidas, el 97% de las ocasiones en que se activa una radiobaliza se trata de una falsa alarma. La mayor parte de las veces el dispositivo salta por un aterrizaje brusco o por falta de mantenimiento, así que para dejar de gastar recursos de forma innecesaria, las autoridades aéreas tuvieron que tomar medidas drásticas: cada vez que reciben un aviso de un dispositivo 121.5, esperan al menos 18 horas antes de ponerse en marcha. En el caso de los controladores del tráfico aéreo, no es raro que bajen el volumen de la señal para que no esté saltando constantemente.

En el mercado existen tecnologías baratas que de aplicarse permitirían encontrar a estos pilotos perdidos vía satélite y salvar aún más vidas, pero apenas se están utilizando. "Tenemos un problema", asegura uno de los investigadores de accidentes en el reportaje de Behar, "cuando el país más avanzado tecnológicamente del mundo está permitiendo que una buena parte de sus pilotos vuelen sin ningún dispositivo de protección. Es manifiestamente ridículo".

Leer el artículo completo: "Lost in America" (Air & Space magazine)

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