Una lección sobre matemáticas y curiosidad

14 marzo 2016

En su libro "Las lagartijas no se hacen preguntas", Leonard Mlodinow cuenta que su padre estuvo en el campo de concentración de Buchenwald, donde los nazis asesinaron a unas 56.000 personas y retuvieron a unas 250.000. Por casualidad, se hizo amigo de un preso con conocimientos de matemáticas que le propuso un juego.

Un día, a pesar del abismo que los separaba, el preso matemático le propuso a mi padre que resolviera un problema. Mi padre le dio vueltas durante unos cuantos días, pero no logró desentrañarlo. Cuando volvió a ver al preso, le preguntó por la solución. El hombre no se la quería dar, le decía que tenía que descubrirla por sí mismo. Pasó algún tiempo, y mi padre volvió a preguntárselo, pero el otro preso se aferraba a su secreto como si fuera un lingote de oro. Mi padre intentó reprimir su curiosidad, pero no pudo. En medio del hedor y la muerte que lo rodeaban, se obsesionó con la respuesta. Por fin el otro preso le propuso un trato: le revelaría la solución si le daba un mendrugo de pan. No sé lo que pesaría mi padre por aquel entonces, pero cuando lo liberó el ejército estadounidense no llegaba a cuarenta kilos. Pese a ello, su anhelo de saber era tan fuerte que se había desprendido de su mendrugo de pan a cambio de la respuesta.
Feliz día de Pi ;)

1 comentarios :

  1. Ramon dijo...
  2. ¿Cuál es el problema?

    Necesito saberlo, estaría dispuesto a darte mi mendrugo...