La pelota que sobrevivió al accidente del Challenger

05 febrero 2017

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El accidente del transbordador espacial Challenger el 28 de enero de 1986 es quizá la tragedia espacial más impactante y recordada por todos nosotros, además de la explosión del Columbia en 2003. Han pasado más de 30 años y aún seguimos conociendo detalles interesantes. Ayer, el astronauta Shane Kimbrough (@astro_kimbrough) y sus compañeros a bordo de la Estación Espacial Internacional rindieron un pequeño homenaje a las víctimas del Challenger y en concreto a uno de sus miembros, el hawaiano Ellison Onizuka. Resulta que entre los restos que cayeron al océano tras el accidente, se recuperó un balón de fútbol que Onizuka había llevado entre sus objetos personales como recuerdo de su hija, jugadora de fútbol.

En su cuenta de Twitter, Shane Kimbrough reveló que los tripulantes han llevado consigo esta pelota al espacio y compartió una foto en la que se la ve flotando en el famoso mirador de la ISS, con el mensaje de #NASARemembers.

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La nave se desintegró sobre el océano Atlántico y los restos se esparcieron en un área de varios kilómetros. Fue muy comentado en su momento la recuperación de la bandera de EE.UU. que apareció flotando intacta dentro de su funda de plástico. Pero muy pocos conocimos este detalle de la pelota. No he encontrado mucha información sobre el tema, pero se supone que el balón de fútbol salió despedido tras la deflagración de la cabina tras su impacto con el agua. Un detalle terrible y conmovedor para recordar a aquellos héroes. Ellison Onizuka es el primero por la izquierda.

The STS-51L Crew

1 comentarios :

  1. Martin dijo...
  2. La cabin crew del Challenger se desprendió de una pieza del orbitador siguiendo un trayectoria balística hasta alcanzar aproximadamente los 20 Km. de altura, momento en el que se precipitó sobre el Atlántico. Dado que la pelota iría en el cabin crew, ésta no pudo salir despedida tras la deflagración.

    El balón tuvo que ser liberado de la cabin crew en el momento del impacto de ésta sobre el océano o más tarde durante las tareas de rescate. Tras el impacto el receptáculo quedó completamente destrozado pero no lo suficiente como para liberar los cadáveres de la tripulación. No obstante, cuando se intentó recuperar el cuerpo de Gregory Jarvis se liberó y casi se pierde.

    Por cierto, el Challenger no estalló como indica el título. Si lo hizo el External Tank (ET). De hecho el orbitador sobrevivió a esa explosión para ser destrozado a continuación por las fuerzas aerodinámicas (cercanas a 20g) para las que no estaba diseñado.