La evolución del cráneo favoreció la visión periférica

30 junio 2015

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Las órbitas de los ojos en el cráneo humano son únicas en comparación con las del resto de primates. Es la conclusión que presenta el equipo de Eric Denion en un trabajo publicado en la revista Scientific Reports para el que han analizado y comparado 100 cráneos humanos con los de 120 simios. El resultado indica los humanos y los gibones tienen órbitas significativamente menos convergentes (menos enfocadas hacia el frente) que otras especies como chimpancés, orangutanes o gorilas. Las cavidades orbitarias humanas son más anchas que largas y presentan el mayor ratio altura/anchura, lo que nos proporciona la mayor visión lateral que el resto de primates.

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El español que se quiere enchufar al arcoíris

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El científico asturiano Amador Menéndez Velázquez es doctor en química e investigador del Instituto Tecnológico de Materiales de Asturias. También ha colaborado con el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) con quienes trabaja en el desarrollo de un nuevo tipo de células fotovoltaicas más eficientes, capaces de aprovechar la energía del sol en un mayor rango. Su sueño es que los gobiernos dejen de poner trabas a la energía solar y que ésta contribuya al cambio energético que necesita el planeta.

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Catástrofe Ultravioleta #12: Vermilingua

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Sketches

Entre los animales que Carlos III coleccionó para su corte, la osa palmera traída de Sudamérica fue quizá el que más admiración despertó. Por primera vez se observaba un ejemplar de oso hormiguero en tierras europeas, un animal considerado insólito y al que el rey mandó retratar.

En el capítulo de hoy indagamos en la historia de esta osa y su retrato, cuya autoría se atribuye al mismísimo Goya, y tratamos de descubrir por qué solo pudo sobrevivir unos meses en Madrid, a pesar de los constantes cuidados. Una pequeña historia de misterio en el siglo de la curiosidad.

* Aviso: esta es la segunda parte del capítulo dedicado a la Curiosidad. Quizá te interese escucharlo en orden: Curiosidad (1): Elefancía



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Lo que dice la ciencia sobre los "límites" del humor

29 junio 2015

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En octubre de 2001, apenas tres semanas después de los atentados del 11-S, el humorista Gilbert Gottfried hizo la primera broma pública sobre los ataques a las torres gemelas. En presencia del selecto público del club Friars, en Nueva York, Gottfried dijo que había intentado sacar un billete de avión, pero no había vuelos directos porque tenían que "hacer primero una parada en el Empire State Building". La gente respondió con abucheos y gritos de "¡Demasiado pronto!" y el humorista tuvo que cambiar precipitadamente de tema. Unos años después, tras el destructivo tsunami de Japón en 2011, Gottfried fue también criticado por tuitear algunos chistes sobre la tragedia. "En Japón son realmente avanzados", escribió unas horas después del terremoto. "Ellos no van a la playa, la playa viene a ellos".

¿Había elegido Gottfried un tema tabú, sobre el que es imposible bromear, o es que no había esperado el tiempo suficiente para que la gente pudiera reírse del tema? El psicólogo Peter McGraw lleva años investigando qué es lo que diferencia una broma graciosa de un comentario ofensivo. Lo que demuestran sus estudios es que la máxima establecida por Mark Twain de que "el humor es igual a tragedia más tiempo" se cumple a menudo. Cualquier evento catastrófico, ya sea un terremoto, una guerra o una matanza, puede terminar siendo objeto de chiste una vez que hemos establecido suficiente distancia respecto a los hechos. Pero, ¿cuánto tiempo?

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La carrera para salvar el cerebro prematuro

23 junio 2015

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Daniel [nombre ficticio] no lleva ni 24 horas en el mundo y ya está en números rojos con la vida. Su deuda, la que los médicos le recordarán para siempre si sale adelante, son los tres meses que se ha adelantado al nacer y que le tienen ahora en la incubadora, con problemas de maduración en pulmones y corazón. En las próximas semanas los especialistas vigilarán que cada uno de sus órganos vaya superando los problemas de haber salido tan pronto a la luz, pero la atención estará sobre todo en su cerebro. Una mala evolución puede provocarle daños en los tejidos neuronales de por vida, desde un retraso mental hasta una parálisis cerebral.

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El secreto de la isla que sube y baja

22 junio 2015

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El 20 de febrero de 1835, durante el segundo viaje del Beagle, Charles Darwin y el capitán Robert FitzRoy se encontraban en Valdivia, Chile, cuando les sorprendió un violento terremoto. Unas horas después el barco puso rumbo a la región donde había habido más impacto y en la isla Santa María, frente a las costas de Concepción, FitzRoy observó que en el litoral había grandes capas de mejillones, lapas y algas recientemente muertas que quedaban por encima del agua incluso con la marea alta. Ambos interpretaron aquello como las "pruebas de que la tierra se había elevado" y calcularon que la isla había emergido entre 2,4 y 3 metros después del seísmo.

El 27 de febrero de 2010, 175 años después del primer suceso, una parte de la fosa de Perú-Chile bajo la isla de Santa María se rompió de nuevo y produjo un violento terremoto de magnitud 8,8 que dejó 800 muertos y miles de casas destruidas. En esta ocasión, la isla volvió a elevarse sobre el mar, esta vez 1.8 metros, hasta el punto de dejar inservible la zona que se había utilizado tradicionalmente como puerto (ver foto superior). Por un golpe de fortuna, resultó que un grupo de científicos había estado tomando medidas de la costa y mediciones batimétricas solo seis semanas antes, de modo que los geólogos tenían una oportunidad única para comparar los datos del registro histórico.

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¿Las ilusiones visuales son innatas o aprendidas?

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Un equipo de investigadores indios, coordinados por Tapan Gandhi, ha puesto a prueba dos de las ilusiones visuales más conocidas y antiguas con un grupo de niños que han recuperado la vista después de ser operados de una variedad cataratas. Los nueve niños, de entre 8 y 16 años, están dentro del proyecto Prakash, una iniciativa para sacar de la ceguera a chavales sin recursos mediante una sencilla operación en la que se les sustituye el cristalino por una nueva lente. El resultado ha sido sorprendente.

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No somos tan parecidos como creemos

17 junio 2015

El biólogo Rob Dunn se fijaba hace unos días en su blog en un aspecto en el que hasta ahora nadie había reparado. Aunque el análisis genético de humanos y chimpancés indica un 98% de similitudes, ¿qué pasa cuando hablamos de las bacterias y patógenos que habitan en nuestros organismos? ¿Son también similares? Este análisis, explica Dunn, no se había hecho hasta ahora básicamente porque los científicos que estudian a unos y a otros "no son amigos", entiéndase: no habían cruzado los datos. Utilizando la información de varios colegas, Dunn llega a una interesante conclusión: la mayoría de los parásitos y patógenos que viven en los humanos no se encuentran en los chimpancés y nosotros tenemos muchísimos más en proporción.

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La explicación de esta diferencia se explica por nuestra adaptación a la agricultura y la interacción con cientos de especies animales y vegetales a las que los chimpancés no tienen acceso. Tenemos a miles de criaturas especializadas en sacar provecho de nuestro organismo y nuestro agitado modo de vida. Ahora bien, ¿qué pasa cuando comparamos esta abundancia de virus y bacterias entre poblaciones humanas? Sobre este tema ya hablamos en Fogonazos hace un tiempo: el microbioma de los habitantes de las grandes ciudades y el de los habitantes del Amazonas es muy diferente. ¿Quién crees que tendrá más variedad? La respuesta puede parecer incongruente con lo que hemos explicado antes de nuestro acceso a la agricultura y demás, pero el gráfico habla por sí solo.

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Lo que están viendo los científicos es que nuestro uso de los antibióticos y nuestros modos de vida "obsesionados" con la limpieza han acabado con parte de la variedad microbiana que poblaba nuestro organismo y este fenómeno podría estar detrás del auge de algunas alergias y enfermedades autoinmunes. De momento es una hipótesis sobre la que se está trabajando pero muy interesante. Si quieres saber más, te recomiendo leer "En busca de las bacterias perdidas", en Fogonazos.

Referencia: Chimps and Humans are Less Similar than We Thought (Your Wild Life)