Mostrando las entradas para la consulta cerebro ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta cerebro ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas

Einstein en el maletero

10 septiembre 2007

La noche del 18 de abril de 1955 el patólogo Thomas Harvey empuñó su escalpelo y realizó una incisión en forma de Y sobre el cadáver de Albert Einstein. Con el cuerpo aún caliente encima de la mesa, el doctor extrajo el hígado y los intestinos y halló casi tres litros de sangre en la cavidad peritoneal. A continuación abrió el cráneo con una sierra circular, extrajo el cerebro y se lo llevó a su casa. (Seguir leyendo)

Durante los siguientes cuarenta años, el destino del cerebro de Einstein se convertiría en una especie de leyenda. La historia del patólogo que había robado el cerebro del genio aparecía de vez en cuando en algún periódico local, sin que nadie conociera a ciencia cierta su paradero.

En 1996 el periodista Michael Paterniti retomó la historia de Harvey y lo encontró trabajando en una fábrica de plásticos de Kansas. El patólogo vivía en un pequeño apartamento y dormía en una cama plegable. Conservaba el cerebro de Einstein en un tarro de cristal de su cocina y lo había convertido en su obsesión.

Sin pensárselo dos veces, Paterniti se ofreció a llevar a Harvey hasta California, respondiendo al deseo del anciano de visitar a Evelyn Einstein, y zanjar el asunto devolviéndole el cerebro a la nieta del genio. Y así fue como el periodista y el patólogo se vieron envueltos en una de las peripecias más surrealistas de la historia: un viaje de costa a costa con el cerebro de Einstein en el interior del maletero.

“Cada vez que paramos en un autoservicio - explica Paterniti en su libro “Viajando con Mr Albert”– siento deseos de gritar: ¡En el maletero tenemos el cerebro de Einstein!” “La idea de que lo tengo ahí detrás, - escribe –, me resulta tan inconcebible y turbadora que no estoy lo que se dice en mi mejor forma para circular por carretera”.

La novela de Paterniti describe un viaje alucinante a través de Estados Unidos con el cerebro flotando en un tupperware en la parte posterior de un viejo Buick Skylark. Por si le faltaban ingredientes, en el camino visitan a William S. Burroughs, cruzan el Medio Oeste y se pasan por Las Vegas. Durante todo el trayecto se mantiene una constante, la atracción enfermiza que ejerce el cerebro sobre aquellos que le rodean:

“Una confesión: - escribe el periodista – quiero que Harvey se duerma… Quiero tocar el cerebro de Einstein. Sí, debo admitirlo. Quiero sostenerlo entre mis manos, acariciarlo, sopesarlo en la palma de la mano, tocar alguno de los quince mil millones de neuronas ahora dormidas. ¿Será su textura como el tofu, el coral del erizo de mar, la mortadela?”


Como se cuenta en la novela, el magnetismo que ejerció el cerebro sobre su poseedor terminó por destrozarle la vida. Durante los años que siguieron a la noche del robo, Harvey perdería el trabajo y arruinaría su carrera como médico, postergando una y otra vez la prometida investigación que aclararía los misterios de la mente del genio.

“Para Harvey el cerebro era como un objeto sagrado – explicaba Paterniti en una entrevista – Vivió con el cerebro de Einstein durante alrededor de cuatro décadas como su salvador y custodio, como el gran guardián del cerebro”.

Sin embargo, Harvey quiso compartir su hallazgo y buscó ayuda entre otros expertos. Cortó el cerebro en 240 trozos y los repartió entre unos pocos científicos de todo el mundo con el objeto de que los analizaran. En un último arranque de lucidez, y tal vez de sacrificio personal, Harvey terminó por devolver el cerebro al hospital de Princeton, convencido de que alguien debía ponerlo a buen recaudo (Después de todo la nieta de Einstein nunca llegó a quedarse el cerebro).

El viaje de Sugimoto

Paralelamente, al otro lado del Pacífico se gestaba una historia no menos peculiar en torno al cerebro. El científico japonés Kenji Sugimoto, obsesionado con la vida de Albert Einstein, emprendió a finales de los 90 una odisea personal en busca del cerebro del que tanto había oído hablar. La aventura, filmada por el director Kevin Hull para un documental de la BBC, llevó a Sugimoto a recorrer los Estados Unidos en busca de Harvey, hasta que le localizó en su casa de Kansas.

Como veréis con vuestros propios ojos, la escena en la que Harvey pesca un trozo de cerebro del interior de un bote de galletas y corta una loncha sobre la encimera de la cocina es uno de esos momentos dignos de ser recordados para el resto de nuestras vidas.

Provisto de su preciado trofeo, Sugimoto regresó más tarde a Japón y celebró su éxito en club de karaoke local, donde cantó una canción acompañado del pequeño fragmento de cerebro de Albert Einstein. Una escena colosal que cierra el documental de Hull:


"Cada uno agarró lo que pudo"

Cuarenta años después, y una vez analizados los distintos testimonios, parece que la noche en que Thomas Harvey diseccionó el cadáver de Albert Einstein terminó siendo una jornada bastante esperpéntica. Decenas de personas bajaron a contemplar el cuerpo del maestro y quisieron quedarse con un recuerdo. “Cada uno agarró lo que pudo” - explica el doctor Henry Abrams, oftalmólogo personal del científico. Él mismo extrajo los ojos de Einstein y los guardó durante más de 40 años en la caja de seguridad de un banco de Filadelfia.

Aún hoy, el doctor Abrams acude una o dos veces del año a la cámara de seguridad del banco y contempla los ojos del genio, con los que asegura experimentar “una profunda conexión”. “Cuando se miran esos ojos, - asegura Abrams– se ve en ellos la belleza y el misterio del mundo. Son claros como el cristal y dan sensación de profundidad”.

Más: 1, 2, 3, 4, 5 / Ver el vídeo completo aquí

Si te ha gustado, menéalo

Comparando nuestro cerebro con otras especies

29 mayo 2014


La imagen que tiene sobre estas líneas (que aparecía ayer en la portada de Reddit) muestra la comparación entre un cerebro humano (izquierda) y el de un delfín (derecha). Aparte de que el cerebro humano parece de plástico, se puede añadir alguna curiosidad más sobre la comparación: esos dos hemisferios tan bien diferenciados del delfín se desactivan alternativamente para permitirle descansar y dormir 'apagando' la mitad de su cerebro cada vez. Pero lo que para muchos es una sorpresa la diferencia de tamaño, ¿cómo puede ser el cerebro del delfín más grande, si nosotros somos - en teoría - más "listos"? Eso es lo que vamos a explicar en este post.

Lo que se tiene en cuenta en biología para calcular la posible inteligencia de una especie animal es el denominado cociente de encefalización, que es algo así como la relación entre el tamaño del encéfalo y la masa corporal. Una ballena azul, por ejemplo, tiene un cerebro de 7 kilos, el mayor de la Tierra seguido del cerebro del elefante indio de 6 kg, pero ninguno de los dos animales tiene un cociente de encefalización mayor a los humanos, debido a su tamaño. En animales de peso similar, un delfín y un gorila, por ejemplo, podemos ver también diferencias: el cetáceo tiene un cerebro de unos 1'200 kg mientras que el del gorila ronda el medio kilo.


¿Es esto lo más importante para conocer la inteligencia de una especie? A la ecuación hay que sumarle más variables, como la cantidad de neuronas y la extensión del llamado neocórtex, que son las "capas" de neuronas que recubren los lóbulos frontal y prefrontal de los mamíferos. Ahí, y en la presencia de determinadas neuronas - de von Economo y piramidales, por ejemplo - reside quizá la diferencia de nuestra capacidad de procesamiento. La extensión de estas capas de neuronas es el evento evolutivo más importante del cerebro de los mamíferos y lo que les ha dado muchas ventajas por todo el planeta. En esta imagen tenéis una comparativa entre especies:


Volviendo a la comparación inicial, entre humano y delfín, repetimos lo que decíamos al principio: no es tan importante el tamaño como la densidad de neuronas. En esta lista de Wikipedia de los animales por número de neuronas encontraréis la explicación. Si contabilizamos el número de neuronas de la corteza de un delfín nariz de botella y un chimpancé, vemos que están en términos similares: en torno a 6.000 millones cada uno, mientras que los humanos estamos más cerca de los 20.000 millones (en la corteza).

Comprender cómo se ha producido la evolución hacia ese encéfalo tan denso y proporcionalmente grande de los humanos es una tarea fascinante en la que los científicos siguen enfrascados. La principal incógnita es cómo hemos podido desarrollar un órgano tan costoso energéticamente. En adultos, nuestro cerebro consume un 20% de la energía frente al 13% de los chimpancés o el 8.5% de los ratones. Algunos estudios recientes apuntan a que en algunas especies se da un hecho que no esperaban: no fue tanto que el cerebro creciera como que el cuerpo fue empequeñeciéndose. Y en el último trabajo publicado esta semana en Plos Biology sobre este tema se compararon las huellas "metabólicas" de los tejidos humanos y los de otros animales y han descubierto grandes diferencias. No solo nuestro cerebro consume más, sino que nuestros músculos son más débiles y consumen menos que los de, por ejemplo, los chimpancés.

¿Qué significa esto? En el fondo la evolución de nuestro cerebro fue una especie de carrera entre un encéfalo que consumía cada vez más recursos y un cuerpo que necesitaba encontrar fuentes de calorías. Pero como explica Carl Zimmer en un magnífico artículo de The New York Times, otros científicos apuntan a que nuestros músculos cambiaron porque se adaptaron a una actividad nueva: andar y correr largas distancias, y eso les permitía obtener más calorías para un cerebro cada vez más exigente. Y si le añadimos después la capacidad para cocinar, y a obtener más energía comiendo menos horas al día, puede que tengamos casi todos los elementos.

Para saber más: ¿Qué tiene de especial el cerbero humano? | Imágenes: Frontiers in Neurosicence


Cómo engañar al cerebro delante del plato

26 noviembre 2013


En el restaurante "The Fat Duck", en Inglaterra, los comensales eligen la música del postre para que les sepa más o menos dulce. Las notas más agudas potencian el dulzor y las graves el sabor amargo. En Japón, unas gafas de realidad aumentada permiten ver la comida más grande y la persona que está comiendo se siente saciada con mucha menos cantidad. En el taller de Paco Roncero, en Madrid, un cliente se sienta a comer un plato elaborado con marisco sobre una proyección con imágenes submarinas. Y la sensación de sabor a mar se multiplica.

Muchos restaurantes del mundo empiezan a aplicar los nuevos conocimientos sobre los mecanismos que pone en marcha nuestro cerebro delante de un plato de comida. "El cerebro construye los sabores a través de la integración de las entradas de otros sentidos", explica Charles Spence, investigador de la Universidad de Oxford y uno de los pioneros en este terreno de la experimentación sensorial. "Todo forma parte de un paquete, incluso el ambiente donde tomamos esa comida". Más allá del papel evidente que juegan la vista y el olfato, en su laboratorio han descubierto la importancia de otros factores como el sonido en la experiencia culinaria. Si uno está comiendo patatas fritas, por ejemplo, y se le hace creer mediante auriculares que son mucho más crujientes, su percepción del sabor cambia radicalmente. Y lo mismo si toma una bebida carbonatada con un extra de sonido burbujeante.

"Ahora sabemos", relata Spence, "que las notas agudas resaltan el sabor dulce y las graves hacen destacar el amargo. Y hemos diseñado un postre en el que uno puede elegir la banda sonora según su preferencia". Con su colaboración, el chef Heston Blumenthal diseñó uno de los platos estrella de su restaurante, un preparado con ostras, almejas, mejillones y algas que se sirve acompañado de un pequeño iPod para degustarlo apropiadamente. Porque el plato, bautizado como 'The sound of the sea’ (el sonido del mar), no sabe igual si no se come acompañado del sonido de las olas y las gaviotas.

Todo esto que parece una excentricidad tiene detrás una sólida base científica. "La percepción del sabor puede ser influenciada por aspectos complejos, como la información de un etiquetado o las expectativas", asegura el científico español Miguel Alonso Alonso, que investiga en la Universidad de Harvard. "En la manera en que comemos hay muchas asociaciones automáticas que se ponen en marcha y que al final contribuyen a la experiencia sensorial que es comer". Aquí entran en juego, por ejemplo, los factores cognitivos: lo que sabemos cambia nuestra percepción de la comida. En el año 2005, el investigador de la Universidad de Oxford Edmund T. Rolls comprobó que cuando a los sujetos se les da un mismo recipiente con queso para oler, sus reacciones varían radicalmente si está etiquetado como "queso cheddar" o si en el rótulo pone "olor corporal".

La importancia del etiquetado se basa en que necesitamos saber de antemano qué es lo que vamos a comer. En otro experimento se dio a los sujetos un mismo producto con 1) una etiqueta explicativa, 2) la indicación "Comida 386" y 3) sin etiqueta. Los que no sabían absolutamente nada del producto fueron los más insatisfechos. Porque lo que sabemos y esperamos del alimento condiciona nuestra experiencia. Es famosa la prueba en que se ofrece a una persona una copa de vino blanco teñida de tinto y su cerebro no es capaz de descubrir que le están engañando. O los trabajos que demuestran que un vino nos sabe mejor si lo pagamos más caro.

"La percepción gastronómica no es distinta a las demás percepciones", asegura Javier Cudeiro, catedrático de Fisiología de la Universidad de La Coruña. "Con el sabor se ponen en marcha varios canales sensoriales y esto lo han entendido los mejores cocineros de forma intuitiva. Algunos han aprendido que se puede engañar al cerebro para sorprender al comensal, y eso es un valor añadido". En un estudio más reciente, los científicos han descubierto la forma en que modifican el sabor el tamaño y la forma de la cubertería. Los resultados revelaron que el yogur resulta más denso y se percibe como más caro cuando se ofrece en una cuchara más ligera y que el tamaño de la cuchara influye en el grado de dulzor percibido. "Igual que se combinan los ingredientes con cuidado", asegura Vanessa Harrar, coautora de la investigación, "así deberíamos actuar con los cubiertos". La clave de estas variaciones está en el cerebro de los comensales y en lo que esperan sentir por sus experiencias anteriores. "El azul produce la sensación de que la comida está más salada", relata Harrar. "Y la comida rosa es más dulce si se sirve en una cuchara blanca que si se sirve en una negra".

Aparte de la experiencia de cada uno, existen unos fuertes condicionantes biológicos a la hora de experimentar el sabor, y no todos percibimos con la misma intensidad. Recientemente se ha descubierto que algunas poblaciones detestan el sabor del cilantro como consecuencia de la presencia del gen OR6A2, que codifica un receptor muy sensible a los aldehídos que contiene esta hierba y produce un desagradable sabor a jabón. En los años 90 se descubrió que hay un 25 por ciento de la población que, por factores genéticos, tiene más papilas gustativas que los demás. Se les conoce como "supergustadores" y encuentran matices en la comida que para los demás pasan desapercibidos. Una supuesta ventaja que, “en una sociedad en la que se condimenta todo de manera excesiva", matiza Javier Cudeiro, "puede ser una faena".

Pero todos estos cambios en la percepción son superficiales en comparación con lo que puede hacer el cerebro a niveles más profundos. La información que recibimos puede condicionar la sensación de saciedad e incluso nuestro metabolismo. "Una caloría no deja de ser una caloría", asegura Alonso, "pero está claro que lo que uno cree sobre la comida tiene influencias en el patrón de alimentación o el deseo de comer". En el año 2003, el investigador de la Universidad de Cornell Brian Wansink hizo una prueba muy inquietante. Dividió a los voluntarios en dos grupos y a unos les dio a comer sopa en un recipiente normal y a otros en un recipiente con truco, en el que un dispositivo permitía bombear y añadir más cantidad de sopa mientras iban comiendo. "A pesar de haber consumido un 73% más de sopa", concluía el estudio, "los sujetos no tuvieron la sensación de haber comido más ni se sintieron más saciados que los que habían comido del cuenco normal". "Parece que la gente utiliza sus ojos para contar las calorías", añadía Wansink, "y no sus estómagos".

¿Podríamos intentar no comer de más si tenemos una percepción adecuada de lo que nos va a saciar? El experimento realizado en 2011 por Alia J. Crum en la Universidad de Yale, añadía un dato muy valioso: la comida no solo entra por los ojos sino que la metabolizamos por lo que creemos que es. Crum reunió a un grupo de 46 voluntarios y les dio a comer, en diferentes días, un mismo batido de leche con diferentes etiquetas. Después analizó su sangre. Cuando creían estar comiendo un batido grasiento, los niveles de grelina, la conocida como 'hormona del apetito', descendieron de forma notable - tenían menos necesidad de comer más- mientras que los niveles se mantuvieron estables cuando creían estar comiendo un producto “light”. “Esto indica que el estado mental puede afectar a la sensación física de saciedad”, asegura Crum.

En los últimos años se han localizado en el cerebro los mecanismos que nos hacen reaccionar ante la comida, y especialmente los que explican nuestra propensión a consumir alimentos altamente calóricos, con mucho azúcar o mucha grasa. El equipo de Edmund T. Rolls descubrió que la grasa no solo activa los centros del placer en el cerebro, sino que las neuronas receptoras de la lengua se ponen en marcha automáticamente por su textura. Basta una gota de una grasa no comestible en la lengua, como parafina u otros hidrocarburos saturados, para que el cerebro desate una respuesta. Es más, la grasa tiene un componente emocional y actúa como una especie de calmante natural. En 2011, científicos belgas inyectaron una infusión de ácidos grasos directamente en el estómago de los voluntarios y vieron cambios en el estado de ánimo y en la respuesta del cerebro.

"Hay que recordar que el cerebro humano ha evolucionado a lo largo de muchos milenios y estas características sin duda han facilitado la supervivencia", asegura Miguel Alonso. "De hecho, los niños desarrollan preferencias rápidamente hacia comidas con contenido graso y nacen ya con predisposición innata hacia el dulce". La mejor muestra del peso evolutivo de esta adaptación podría estar en la genética de algunas poblaciones como los habitantes de la isla de Nauru, en el Pacífico, o los indios pima de Arizona (EEUU). En ambos casos se registra hasta un 50% de casos de diabetes tipo 2 y de obesidad. La hipótesis que lanzó el famoso biólogo Jared Diamond es que la escasez de alimentos durante largos periodos favoreció la aparición de "genes ahorradores" en estas tribus, de modo que acumulan gran cantidad de grasa para sobrevivir a periodos de escasez. El cambio a una alimentación abundante, con ese mismo gen eficiente tan eficiente con el alimento, hace que se produzcan muchos más casos de obesidad.

Este mecanismo podría estar, en parte, detrás del aumento de los casos de sobrepeso en nuestra sociedad. Quizá no estemos preparados para tanta comida. "Durante la evolución el hombre ha pasado etapas de hambruna muy fuertes y ha habido una selección natural", apunta Rubén Nogueiras, investigador de la Universidad de Santiago de Compostela. “Comemos porque necesitamos unas calorías y tenemos los mecanismos necesarios", añade, "pero cuando se produce una sensación de placer al comer nuestro organismo no tiene nada preparado para mandar al cerebro parar". Para Miguel Alonso también está claro que nuestros mecanismos cerebrales no están del todo optimizados para el presente en el que vivimos. "En las sociedades industrializadas hemos conseguido garantizar el acceso a la comida", asegura. “En este escenario los recursos que tiene el cerebro humano para favorecer la ingesta prevalecen sobre los que tiene para evitar la sobreingesta".

Los estudios más recientes sobre alimentación reflejan que la comida activa los mismos circuitos de placer que la droga y el sexo y que, más que con un factor genético y metabólico para la obesidad (que apenas afecta a un 4-6% de los individuos), muchos casos están relacionados con patrones aprendidos de comportamiento. Con todos estos datos, los científicos empiezan a pensar que, además de intervenir en las respuestas químicas y hormonales, aprender a dominar a nuestro cerebro y a conocer sus engaños nos ayudará a comer mejor y de forma más saludable.

Nuevas formas de comer

Las nuevas tecnologías están cambiando la forma de disfrutar la comida. Algunos investigadores diseñan ya aplicaciones que permiten personalizar las sensaciones. En Japón, Naoya Koizumi ha creado un dispositivo llamado "Chewing Jockey" que capta el movimiento de la mandíbula del comensal y reproduce sonidos pregrabados con diferentes texturas para mejorar la experiencia. Otra aplicación japonesa, EverCrisp, permite aumentar el sonido que produce el usuario del teléfono móvil al masticar comidas crujientes. El equipo de Esther Toet ha desarrollado una cuchara 'inteligente' con un sensor que detecta si el usuario está comiendo demasiado rápido, y el tenedor desarrollado por HAPILabs elabora una base de datos con tu dieta y tus hábitos alimenticios.

-->
Takuji Narumi, de la Universidad de Tokio, y otros investigadores trabajan con dispositivos de realidad aumentada que permiten ver la comida que te estás comiendo con diferentes tamaños y colores. En algunos restaurantes se proyectan imágenes sobre la pared o los platos, o se activan mecanismos al tocar la cubertería. En el restaurante Narua, de Bilbao, la temperatura de los cubiertos anticipa el siguiente plato y en La Terraza del Casino, en Madrid, la mesa interactúa con los clientes en función de la comida. "En el futuro", asegura Charles Spence, "veremos cómo se usa la tecnología para permitir experiencias personalizadas, crear ambientes sonoros para determinadas mesas o para distintos platos". En cuanto a su laboratorio, ya está ultimando su siguiente creación. "Estamos trabajando", adelanta, "en una cuchara que hará sonar determinada melodía cuando te la metas en la boca".

Reportaje escrito originalmente para la revista Entrelíneas: La ciencia del apetito: nuevas formas de ‘engañar’ al cerebro delante del plato

"Nuestro cerebro es el órgano más caro que existe"

14 noviembre 2011


"Nuestro cerebro resulta excepcionalmente caro porque es excepcionalmente grande. Además, en comparación con otros tejidos, el tejido nervioso consume mucha energía. En recién nacidos, en los que el cerebro aún está en desarrollo, consume un 60%. En adultos, nuestro cerebro consume una quinta parte de la energía que producimos diariamente y, con ello, consume lo mismo que toda nuestra musculatura en estado de reposo. Es decir, 1,3 kilos de cerebro están consumiendo lo mismo que 27 kilos de músculo (en un hombre de 65 kilos). Para hacerse una idea de lo costoso que es el cerebro humano en comparación con cerebros de otras especies, en chimpancés “sólo” consume un 13%, en otros mamíferos más pequeños como el ratón doméstico un 8.5% y en el mamífero medio 5%. Podríamos decir sin mucho margen de errar que nuestro cerebro es el órgano más caro que existe".

Seguir leyendo en: "Nuestro cerebro es el órgano más caro que existe" (lainformacion.com)

En lainformacion.com

04 septiembre 2003



  • Ada Yonath: “Las bacterias se harían resistentes aunque consumiéramos pocos antibióticos”


  • Manuel Aguilar: “La participación española en el CERN y la ESA está en peligro”


  • Sebastian Seung: “Estamos usando la inteligencia colectiva para descifrar el cerebro”



  • La 'bacteria del arsénico' no burlaba las reglas de la vida





  • “Tenemos una neurona para Luke Skywalker”





  • En el taller de Patelo: 'Nunca pensé que mi motor daría la vuelta al mundo'





  • ¿Es ésta la mano de un neandertal?





  • Abrazados para la eternidad: un coito de 47 millones de años





  • El robot que te gana siempre a 'piedra, papel o tijera'




  • Especial bosón de Higgs

    - Videográfico: Tres minutos para entender el bosón de Higgs
    - El bosón de Higgs explicado a mi abuela
    - En busca del bosón de Higgs (Timeline histórico)
    - Seis incógnitas de la Física después del bosón de Higgs
    El CERN anuncia el hallazgo de una partícula que podría ser el bosón de Higgs
    - El CERN cantará Bingo pero no será el "gran Bingo"
    - ¿Por qué buscamos el bosón de Higgs?
    - Siete vídeos imprescindibles para entender qué es el bosón de Higgs
    - ¿Cuánto sabes del bosón de Higgs? (Test)





  • Didier Queloz: “Todavía no sabemos dónde encaja el Sistema Solar”





  • Las pinturas rupestres más antiguas de Europa están en España y pudieron ser obra de neandertales







  • El almacenamiento subterráneo de CO2 a gran escala puede provocar terremotos, según un estudio






  • 'Mi hermana gemela tiene Alzheimer'






  • ¿Hay luna llena? Pregunta a los operadores del LHC






  • ¿Cuál es la neurona más larga del cuerpo?






  • 'Sentiremos un brazo robótico como si fuera propio'





  • Inventario de objetos arrastrados por el tsunami






  • El camuflaje de los pulpos tiene truco






  • Pacientes tetrapléjicos controlan un brazo robótico con el pensamiento






  • Los jugadores de fútbol americano quieren salvar sus cerebros




  • ---
    ESPECIAL #SINCIENCIA

    - La Ciencia abandonada
    - El recorte en Ciencia no solo mata ratones 
    - La Ciencia española se hace vieja

    - "Volví a España a investigar y me tengo que volver a marchar"
    - Otro golpe a la investigación: 'El Ministerio de Educación nos dejará un año en blanco con las becas FPU'
    - Amaya Moro-Martín: "Sin ciencia no hay esperanza ni progreso"
    - Los recortes en Educación dejan sin premio a los alumnos ganadores de las Olimpiadas de Física
    - Alberto Sicilia: "Los avales del Estado a Bankia son mayores que el presupuesto anual de la NASA"
    - “Al sistema de investigación le han cortado una pierna”
    - Juan Lerma: "Las empresas españolas no invierten en Ciencia porque siguen en la cultura del pelotazo"
    - Luisa Botella: "He intentado ir a un concurso de la tele para seguir investigando enfermedades raras"
    - Alberto Ferrús: "Es una tragedia que un doctor en Biología acabe vendiendo alfombras"
    - Óscar Marín: "España sigue pensando como un país pequeño y por eso no invierte en Ciencia"
    - Ernesto Carmona: "Sin Ciencia no hay bienestar"
    - Consuelo Guerri: "Sin ciencia pronto vamos a estar como en África"


    ---



  • Especiales ZOOM foto








  • La bombilla “eterna”, ¿invento español o cuento chino?








  • Objetivo: cazar un planeta hiperveloz







  • ---


  • Documental: El mal del cerebro








  • El hombre que olvida al instante








  • El "monstruito" de las obsesiones








  • Así se "apaga" y se "reinicia" un ser humano








  • Vivir con un brazo biónico: "el cerebro manda"








  • "Mi cabeza está... roto"








  • Esquizofrenia, las voces interiores








  • Decodificando el pensamiento: cómo mover objetos con la mente






  • ---


  • Moscas en la oscuridad: así cambia el genoma tras 57 años y 1.400 generaciones viviendo sin luz







  • Un caso especial de miembro fantasma: cuando el cerebro recupera dedos que no tenía







  • ¿Cómo se formó el remolino gigante de Japón? Lo explican mediante un simulador de tsunamis







  • Las 24 horas más largas de Fukushima







  • Cuando un gemelo tiene Alzheimer... y el otro no







  • La chica que jugaba al baloncesto en coma







  • Walter Lewin: "Aburrir con una clase de Física es un crimen"







  • Una batalla en el interior del cuerpo: ataque de un linfocito T a una célula cancerosa







  • Atapuerca, un retrato de familia de un millón de años







  • De cómo fuimos a la Luna con un sextante







  • Las crías de foca se ahogan por falta de hielo







  • El bosón de Higgs explicado a mi abuela







  • El pez pulmonado tiene la clave sobre cómo la vida empezó a caminar







  • Dos esferas concéntricas gigantes para entender cómo funciona el núcleo de la Tierra







  • El jubilado que fabrica los motores más pequeños del mundo: "He fabricado diez y los ingenieros alucinan"







  • Los bebés prefieren a los "vengadores"







  • Los humanos ya pescaban atunes hace 42.000 años







  • Mark Moffett: "Las hormigas se comportan como los ejércitos de Mordor"







  • Cirac: "La física cuántica no puede servir para venderlo todo ni explicar ocurrencias"







  • La guerra de las hormigas: matan, saquean y hasta toman esclavos







  • Revelado el secreto de las montañas fantasma bajo la Antártida







  • El misterio de la ionosfera lunar







  • Gerard ’t Hooft: “El modelo estándar de la Física es demasiado complejo para ser la última verdad”







  • Los murciélagos reconfiguran sus orejas en milésimas de segundo para oír mejor a sus presas







  • "Nuestro cerebro es el órgano más caro que existe"







  • Lo que el cerebro ve cuando los ojos dejan de mirar







  • ¿Sueñan los cavernícolas con caballos de lunares?







  • "Si detectamos tarde un asteroide en trayectoria de colisión, no tendríamos capacidad de respuesta"







  • El mamífero terrestre con la mordedura más potente de todos los tiempos, un oso de casi tres metros







  • La vejez se puede frenar en el laboratorio







  • La mejor defensa es una buena capa de babas







  • David Spergel: "Lo que nos enseñaron del Universo en el colegio estaba mal"







  • Así se descontamina Japón tras el accidente de Fukushima







  • Misión: aprender a caminar sobre un asteroide







  • El largo viaje hacia el cerebro aumentado







  • El secreto de la peste negra







  • “Si Tesla y Edison hubieran trabajado juntos, habrían llegado muy lejos”







  • El día en que Tesla confundió a Marconi con los extraterrestres







  • Martin Asplund: “No encontramos el litio que debería estar ahí tras el Big Bang”







  • Consiguen hacer un objeto invisible recreando el efecto de los espejismos







  • Agárrame esos neutrinos: guía para entender el experimento del CERN







  • Algunos libros de la sección de "Salud" te pueden costar una enfermedad







  • Veinte tipos de ojos para ver el mundo







  • Nueve animales que usan herramientas y uno que "reflexiona"







  • ¿Por qué no recuerdo mi accidente?







  • Un paseo por la realidad simulada







  • El método óptimo para embarcar, a prueba







  • Una carrera para regresar a la fosa más profunda del océano







  • Los elefantes tienen momentos de inspiración







  • ¿Por qué encoge nuestro cerebro?







  • Los límites del cerebro: por qué no podemos ser más inteligentes







  • Anatomía del cerebro humano







  • ¿Qué le pasa al cerebro de un zombi?







  • Especial Festival Starmus







  • Jim Lovell: "Viajamos en una nave con 6.000 millones de astronautas"







  • "Yo conduje 5.000 km con el cerebro de Einstein en el maletero"







  • Celos, astronautas y "carne enlatada"







  • Charlie Duke: "Ya no entusiasmamos a la gente con el espacio"







  • Jill Tarter: "Buscar vida fuera de la Tierra nos sirve para mirarnos a nosotros mismos"







  • Richard Dawkins: "Creo que hay montones de vida en el Universo"







  • Lluís Montoliu: “Estamos empezando a entender el ADN oscuro”







  • Así mata E. coli O104:H4, la bacteria de la "crisis de los pepinos"







  • La tribu que vive sin "años" ni "semanas"







  • El juego de Alicia: cuando tu mente cree que tienes el tamaño de una Barbie o de un gigante







  • Así se comporta un banco de peces







  • El secreto de los gansos que sobrevuelan el Himalaya







  • No somos lo que comemos, somos lo que pensamos que comemos







  • La última clase del profesor de Física más divertido del mundo







  • ¿Es la geometría ecludiana universal?







  • Magia y neurociencia, manual para “engañar” al cerebro







  • James Randi: "Mantened los ojos abiertos y pensad por vosotros mismos"







  • Javier de Felipe: “Hay cierto tipo de neuronas que nos hacen distintos”







  • El secreto de las balsas de hormigas







  • ¿Qué se esconde en las selvas de Indonesia?







  • Diez cosas que han cambiado para siempre en el Ártico







  • Ben Goldacre: “Pagar por píldoras mágicas es un impuesto a la ignorancia científica”







  • Valentín Fuster: “Apoyo la ley antitabaco al 150%"







  • La eternidad no empieza aquí… por ahora







  • Diez cosas que han cambiado para siempre en el Ártico







  • Preparados para el tercer brazo







  • El "ojo" de la mente aprende a hablar







  • El dinosaurio que no tenía corazón







  • Lo que sabemos sobre el sueño de los osos







  • Diez maneras de visualizar la Tierra







  • A la busca de la materia oscura en el túnel de Canfranc







  • Diez motivos por los que el cáncer sigue siendo esquivo y letal







  • Arqueólogos nucleares, guardianes de la destrucción







  • Diez ilusiones visuales explicadas y una sin explicación







  • Fabricantes de auroras







  • Pere Estupinyà: "No somos tan racionales como pensamos"







  • "Para transformar el mundo basta con traducirlo a matemáticas"







  • ¿Qué nos come por dentro?







  • Cuánto podemos acercarnos al Sol







  • Así será el mundo sin transbordadores espaciales







  • “Hay un océano de vida oculto en las paredes de la ciudad”







  • Verdades y mentiras sobre la bacteria del arsénico







  • Un paciente llamado Oliver Sacks







  • La atmósfera puede ser el mejor detector de terremotos







  • El misterio del último lobo marsupial







  • Un océano a escala en Madrid: el canal donde se prueban los barcos







  • La cámara que puede fotografiar detrás de las esquinas







  • Así funciona el circuito del miedo en nuestro cerebro







  • Las siamesas que comparten cerebro







  • ¿Qué son esas dos gigantescas bolas de energía en el centro de la Vía Láctea?







  • Cómo encerrar un monstruo nuclear durante 100.000 años







  • ¿Por qué "se desmayan" los gatitos?







  • Un chip para devolver la vista a los ciegos







  • Por qué los murciélagos "beben" de los espejos







  • Las furgonetas "fantásticas" culminan su viaje de 13.000 kilómetros sin conductor







  • Un dinosaurio en el altar de la catedral







  • Entrevista con "el hombre que vuela sobre las líneas eléctricas"







  • “Empezamos a conocer los principios para manipular la moral en el cerebro”







  • “Si las familias dan el consentimiento, bajaremos a los muertos del Everest”







  • The Onion: “Cuando un medio se cree una de nuestras noticias falsas, lo tomamos como un cumplido”







  • Nikola Tesla, ni mago ni extraterrestre







  • California declara patrimonio histórico el material que los astronautas dejaron en la Luna







  • Rodrigo Fresán: “La realidad está sobrevalorada”







  • “Un objeto de 5 cm puede destruir la Estación Espacial Internacional”







  • Basura espacial: informe de riesgos







  • “Nuestros robots podrían empezar a limpiar basura espacial en 2012”







  • Un tercio de las especies de dinosaurios nunca existió, según dos paleontólogos estadounidenses







  • “No tiren nuestro futuro por la ventana”







  • ​El repelente ultrasónico contra el botellón se estrena en España







  • ​“Las armas sónicas son el nuevo juguete de la policía”







  • Aviso a la humanidad: “¡Aléjense de aquí!”







  • Seis soluciones imaginativas para limpiar la basura espacial







  • El hombre que dispara contra la Luna







  • En busca de la píldora de la ‘supermemoria’







  • Darwin: la importancia de lo pequeño







  • Único superviviente: diez casos increíbles







  • Una ballena viva vale más que una muerta







  • Los 10 objetos más extraños en órbita







  • "Por eso enviamos humanos al espacio"







  • Filman por primera vez a un cachalote alimentándose en las profundidades







  • Un sismómetro detectó los goles de Eto’o y Messi en la final de Champions







  • Nuevas tecnologías, vieja propaganda







  • La camiseta que da miedo a Chuck Norris







  • Así estamos plastificando el Mediterráneo







  • Un laboratorio catalán embarca a 40 ratas en un viaje espacial simulado







  • Confesiones de un twittero desde el espacio







  • Esta araña se llama Harrison Ford







  • Punta Arenas, la ciudad expuesta







  • El ruido humano ensordece el planeta







  • ”El ser humano hace ruido para alimentar su ego”







  • Así se limpia el cielo de Madrid







  • “Hay televisores y frigoríficos flotando en mitad del océano”







  • Un monstruo de plástico devora el Pacífico







  • Entrevista al creador del Espagueti Volador







  • Ésta es la ‘Mafia’ de Menéame







  • La noche en que ardió Menéame







  • Cuando un usuario genera más tráfico que el New York Times







  • * La fecha de este post es ficticia.